Las Navidades no son las fiestas del derroche, de la opulencia o del capricho…

diciembre 24, 2018 Sin Comentarios »
Las Navidades no son las fiestas del derroche, de la opulencia o del capricho…
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* Por Fulgencio Espa Feced

Madrid-Roma-París-Moscú-Roma. No es la marca de una colonia, ni tampoco la ruta de un viaje apasionante. No. Son ciudades donde, al pasear estos días, podrás ver árboles de Navidad, preciosos belenes, mercadillos encantadores… y escuchar tiernos villancicos y probar exquisitos dulces. Es Navidad en Europa, aunque haya cuatro mil kilómetros de distancia. Es Navidad desde Cádiz a San Petersburgo, desde Lisboa hasta Odessa.

¿Cuestión de fe? Claro. Pero también cuestión de cultura. Se ponen preciosas luces por las calles o hermosos árboles de navidad, los escaparates se pueblan de belenes y en las cocinas bulle la alegría de sabrosos platos… pero ¿por qué? ¿Por qué estas costumbres y no otras? Cada aspecto de la Navidad tiene un porqué, un significado, que más allá de cualquier cuestión religiosa ha llegado a ser un asunto de identidad cultural.

Se ponen luces porque, coincidiendo con el solsticio de invierno (las noches más largas), viene Jesús, luz del mundo. Con Jesús las noches de la vida se iluminan. Se plantan los árboles de Navidad porque allá por la alta Edad Media, san Bonifacio lo utilizó como símbolo de la fecundidad de los dones de Dios. Se ponen bolitas en el árbol porque allí otro santo colgaba alimentos y muchas cosas útiles para los pobres. De ahí nace la solidaridad de estos días. Los belenes fueron un invento de San Francisco, hace más de 800 años, para que los sencillos pudieran “tocar” la navidad. Los dulces, el cordero, el menú, Santa Klaus… ¡todo! Tiene un significado. Es cultura. Es Europa.

Entender la Navidad sin sus orígenes es como intentar entender los frutos sin raíces: acabará por secarse el árbol. Nos pueden encantar las mandarinas, las manzanas, el mango o las uvas: si no se atiende a los cimientos, si no se riegan las raíces, es cuestión de tiempo que las costumbres se marchiten, los frutos se corrompan y los hábitos cambien.

Las Navidades no son las fiestas del derroche, de la opulencia o del capricho. Son las fiestas de la generosidad, que quizá algo tienen que ver con lo anterior, pero es mucho más. Se puede o no ser creyente, y pensar que Jesucristo trajo, con su nacimiento, el mayor de los regalos de la historia: el perdón, la paz, la salvación. Celebramos el nacimiento de Cristo el 25 de Diciembre, claro que sí… pero además forma parte del corazón humano el gozo de regalar, de sonreír, de dar y de darse. Las Navidades expresan, además de una realidad religiosa, un contenido fuertemente humano: el gusto de hacer feliz a los demás, de regalar cosas, de regalarnos a nosotros mismos.

En el Ensanche de Vallecas y en la Villa de Vallecas tenemos la suerte de tener parroquias muy activas que nos recuerdan en sentido cristiano de la Navidad con su solidaridad y celebraciones. Entregas de alimentos y de juguetes para los más necesitados; momentos de compartir de toda la comunidad parroquial y vecinal; ciclos de conciertos y villancicos, que nos recuerdan el elemento cultural de estos días; celebraciones y liturgias llenas de hermosura, que ponen delante de nosotros que la vida no es sólo hacer cosas sino también descansar en la belleza; actividades abundantes para niños, jóvenes y familias; belenes y árboles de Navidad que niños y mayores disfrutan con ilusión entrañable. Las parroquias de la Villa y del Ensanche: lugar de reconciliación, encuentro, perdón y alegría. Navidad.

No dejes de acercarte a la parroquia más cercana si quieres vivir la Navidad según su espíritu más original. Y no dejes de acercarte a lo más íntimo de tu corazón si sueñas con una Navidad con sabor. Deja que resuene en tu interior la llamada de la Navidad: esto es, la llamada a ser luz, a salir del propio egoísmo, a vivir por y para los demás, a no tener miedo a servir.

La Navidad acabará con la llegada de los Magos de Oriente, que la tradición ha identificado con tres, y cuyos nombres son Melchor, Gaspar y Baltasar. También nosotros podemos tener confianza en que nos traerán oro, incienso y mirra. El oro de una vida alegre, entregada a los demás; el incienso de una vida serena, que da buen olor al entorno; y la mirra de saber padecer las dificultades de la vida con dignidad.

Aquellos Magos fueron a Jerusalén, dice la Biblia, atraídos por la luz de la estrella, que es la luz de Jesús. ¿Vendrán nuevamente al Ensanche de Vallecas, a la Villa de Vallecas, atraídos por la luz de nuestras buenas obras? ¿Llegarán de nuevo Melchor, Gaspar y Baltasar cautivados por la alegría y la paz de los corazones “vallecanos”?

Este es el deseo de prosperidad, este es el deseo de paz, este es el deseo de un mundo mejor, propio de la Navidad. Un deseo fundado en un hecho histórico: el nacimiento de Cristo. Un deseo fundado en una tradición cultural: la que nos hace ser Europa, la que nos hace ser nosotros.

¡Feliz Navidad!

Fulgencio Espa Feced es Párroco de Santa María de Nazaret

@laparroquidelagavia

www.laparroquiadelagavia.com

 

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